HUELVA: 10 HISTORIAS SECRETAS DE LA CIUDAD MÁS ANTIGUA DE ESPAÑA

Monumento a la Fe Descubridora en la Punta del Sebo, Huelva. Gran escultura de estilo cubista tallada en piedra clara que representa a un fraile franciscano con una gran cruz, bajo un cielo azul con nubes alargadas.

Cruce de culturas, cuna de imperios y, a menudo, la gran desconocida. Pasear por Huelva es tropezar constantemente con el misterio y la genialidad de quienes la habitaron. Hoy conoceremos las 10 intrahistorias más locas, secretas y fascinantes de la ciudad más antigua de España.

  • EL MONUMENTO A COLÓN

Si le preguntas a cualquier onubense por el gran gigante de piedra que vigila la Punta del Sebo, seguramente te dirán que es el Monumento a Colón. Pues NO, técnicamente no representa al descubridor. Este monumento que mide 37 metros y es de estilo cubista se llama: Monumento a la Fe Descubridora. Si te acercas y lo miras con atención, te darás cuenta de que la figura no viste las ropas de un almirante, sino el hábito de la orden de los franciscanos. Es un homenaje a los frailes del Monasterio de La Rábida, que fueron los únicos que creyeron en el proyecto de Colón cuando nadie más lo hacía. El personaje sostiene una gran cruz en forma de ‘Tau’ y mira fijamente hacia la ría, en dirección al océano.

Pero la historia detrás de su construcción es casi más loca. El monumento fue un regalo de los Estados Unidos a España en 1929, financiado por la Columbus Memorial Fund. Fue diseñado por una escultora y multimillonaria neoyorquina llamada Gertrude Vanderbilt Whitney (de la famosa y riquísima familia Vanderbilt).

Lo curioso es que, a pesar de diseñar una de las señas de identidad más importante de Huelva, ella jamás pisó la ciudad para inaugurarlo. Envió los planos, coordinó todo desde la distancia y se quedó en Nueva York mientras la ciudad celebraba una inauguración por todo lo alto.

Por si fuera poco, hay un último secreto a la vista de todos: el pedestal está completamente hueco. En su interior hay una pequeña cámara con esculturas de los Reyes Católicos y relieves que cuentan la historia del viaje, un espacio misterioso que permanece cerrado al público y que convierte a este monumento en una caja de sorpresas.

MONUMENTO A LA FE DESCUBRIDORA HUELVA
  • EL BARRIO REINA VICTORIA

Si paseas por el Barrio Reina Victoria (popularmente conocido como el Barrio Obrero), vas a sentir un choque cultural inmediato. De repente, el blanco de las casas andaluzas desaparece y te encuentras con tejados a dos aguas, ladrillos vistos, azulejos de colores y chimeneas preparadas para el carbón inglés… en una ciudad donde el invierno dura un suspiro.

Este rincón lo construyó la todopoderosa empresa británica Rio Tinto Company en los años 20 para dar alojamiento a sus trabajadores. Pero no te dejes engañar por su estética de cuento de hadas; detrás de ese diseño victoriano se escondía un sistema de control social y laboral militarizado.

Para empezar, el barrio funcionaba como una ciudad independiente con sus propias leyes. Los británicos impusieron una disciplina de hierro: estaba completamente prohibido hacer ruido a partir de ciertas horas, no se permitían escándalos y los guardias de la compañía patrullaban las calles. Si un obrero español no mantenía el jardín delantero perfectamente limpio, cuidado y florido, la empresa lo sancionaba económicamente o, directamente, lo expulsaba de la vivienda. Las casas no eran suyas; el derecho a techo dependía estrictamente de ser un ciudadano ejemplar para los jefes ingleses.

Además, los británicos vivían con el «horario de Greenwich» en la cabeza. Impusieron sus costumbres, sus celebraciones y, por supuesto, sus deportes. Como los directivos no querían mezclarse con la población local en sus ratos de ocio, crearon sus propios clubes privados.

Fue precisamente esa necesidad de los ingleses de mantener sus tradiciones lo que provocó un efecto secundario histórico: sin darse cuenta, inocularon en Huelva el germen del deporte rey, convirtiendo a la capital en la cuna del club de fútbol (el Recre) y del club de tenis más antiguos de toda España. Una auténtica colonia británica con normas victorianas en pleno corazón de Andalucía.

BARRIO REINA VICTORIA HUELVA
  • EL MUELLE DEL TINTO

El Muelle de la compañía Riotinto es, sin duda, la silueta más fotografiada de la ciudad. Hoy es el paseo perfecto para ver el atardecer sobre el Odiel, pero durante casi un siglo fue una ruidosa, colosal y humeante máquina de hierro y madera diseñada para vaciar las minas de la provincia directamente en los barcos ingleses.

Alrededor de este monumento siempre ha habido la leyenda urbana de que había sido diseñado por el mismísimo Gustave Eiffel o alguno de sus discípulos aventajados. Es un mito totalmente falso. La realidad es que fue diseñado por dos ingenieros británicos de primer nivel: Sir George Barclay Bruce y Thomas Gibson. El error viene porque la estructura utiliza el mismo tipo de hierro forjado y técnicas de remachado que se pusieron de moda en la Europa del siglo XIX, pero su autoría es puramente británica.

Lo verdaderamente asombroso del muelle es su diseño mecánico en dos niveles, una obra maestra de la gravedad:

El piso superior: Por aquí discurrían exclusivamente los trenes mineros cargados de mineral procedentes de Riotinto. Los vagones tenían trampillas en el fondo; al llegar a los puntos de descarga, estas trampillas se abrían y el mineral caía por unos conductos directamente a las bodegas de los barcos que esperaban abajo. Todo por el propio peso del material, sin necesidad de grúas complejas.

El piso inferior: Estaba reservado para el paso del personal de la compañía, mercancías generales y los trenes que volvían vacíos.

Se inauguró en 1876 y estuvo en funcionamiento hasta 1975. Lo que hoy vemos es una obra de arte arquitectónica que sobrevivió al desmantelamiento minero y que se adentra más de un kilómetro en el río (contando la parte de tierra), recordando los tiempos en los que Huelva era el puerto minero más importante del mundo.

MUELLE DEL TINTO HUELVA
  • EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ

En el cementerio municipal de La Soledad hay una tumba, la número 46 del sector San Marco, que esconde la operación de espionaje más brillante de la Segunda Guerra Mundial: la Operación Mincemeat (Carne Picada).

Corría el año 1943. Los Aliados planeaban invadir Europa entrando por Sicilia, pero sabían que las tropas de Hitler los esperaban allí. Para desviarlos, el servicio secreto británico diseñó un plan maestro. Tomaron el cadáver de un mendigo galés fallecido en Londres por tomar veneno para ratas (lo que simulaba un ahogamiento), le crearon una identidad falsa como el Capitán William Martin de los Marines Reales, y le encadenaron un maletín al cuerpo con documentos «top secret» falsificados que indicaban que la invasión real sería en Grecia.

¿Por qué soltaron el cuerpo en la costa de Huelva? Porque los británicos sabían perfectamente que la provincia era un hervidero de espías nazis y que Adolf Clauss, el implacable jefe del espionaje alemán en la zona tenía compradas a las autoridades locales.

El cuerpo apareció flotando en la playa de Punta Umbría, y un pescador lo llevó a Huelva. El médico forense de la ciudad le hizo la autopsia en el propio cementerio de La Soledad y dictaminó que había muerto por ahogamiento. Los documentos secretos del maletín pasaron por manos de los espías de Huelva, quienes fotografiaron los papeles y se los enviaron directamente al mismísimo Adolf Hitler.

El dictador alemán se tragó el anzuelo por completo. Movilizó divisiones enteras de tanques y soldados hacia Grecia, dejando Sicilia desprotegida. Los Aliados invadieron la isla italiana con facilidad, salvando miles de vidas y cambiando el rumbo de la guerra.

El cuerpo del «Hombre que nunca existió» sigue enterrado en Huelva hoy en día. Décadas después, el Gobierno británico desveló el misterio y añadió a la lápida su nombre real: Glyndwr Michael. Una tumba en Huelva que decidió el destino de Europa.

TUMBA DEL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIO HUELVA
  • EL GRAN HOTEL COLÓN

Lo que hoy conocemos como la Casa Colón, el gran centro cultural de la ciudad se inauguró en 1883 bajo un nombre pomposo: el Gran Hotel Colón. La Rio Tinto Company tiró la casa por la ventana para construir un complejo hotelero de súper lujo con cuatro pabellones, un jardín central espectacular con especies exóticas y una inversión astronómica.

La idea era brillante sobre el papel: atraer a la aristocracia británica, a grandes inversores y a la alta sociedad que venía a hacer negocios con el mineral. El hotel fue un pionero absoluto en España: tenía agua corriente, retretes ingleses y luz eléctrica en una época en la que la inmensa mayoría de la ciudad se iluminaba con velas o farolas de gas.

Sin embargo, el proyecto fue un fracaso comercial estrepitoso y apenas duró seis años como hotel. Los directivos y técnicos británicos se negaban en rotundo a mezclarse con la población local onubense en sus momentos de ocio. Buscaban un aislamiento total. Además, las habitaciones eran tan caras que la burguesía española apenas lo pisaba. Al final, el hotel cerró sus puertas y la compañía minera lo reconvirtió en sus oficinas centrales y en la residencia exclusiva de sus altos cargos.

A pesar de su corto periodo como hotel, los muros de este edificio guardan el documento deportivo más importante del país. Fue precisamente en el salón del Pabellón de Oficina del Gran Hotel Colón donde, el 23 de diciembre de 1889, el doctor escocés William Alexander Mackay y un grupo de trabajadores firmaron el acta de fundación del Huelva Recreation Club.

Gracias a esa reunión en el hotel de los ingleses, nació de manera oficial el Real Club Recreativo de Huelva, convirtiendo para siempre a la ciudad en la cuna del fútbol español.

CASA COLÓN HUELVA
  • IGLESIA DE SAN PEDRO

La Parroquia de San Pedro no solo es la iglesia más antigua de Huelva, sino que se asienta sobre el lugar que ha custodiado los mayores tesoros de la ciudad. El templo actual, de estilo mudéjar, se levantó sobre los restos de una antigua mezquita tras la Reconquista, y tuvo que ser reconstruido en gran parte tras sufrir graves daños por el famoso Terremoto de Lisboa de 1755.

Sin embargo, el verdadero secreto de San Pedro no está en sus paredes, sino debajo de ellas, en las entrañas del cabezo sobre el que se alza.

Ese promontorio ha sido un auténtico punto arqueológico a lo largo de los siglos. En las laderas y los alrededores de la Plaza de San Pedro se han realizado excavaciones históricas que cambiaron para siempre los libros de texto. Allí se encontraron restos de muros, cerámicas y estructuras que demostraron la existencia de un importantísimo asentamiento de la civilización de Tartessos (fechados entre los siglos VIII y VII a.C.), además de abundantes vestigios romanos y fenicios.

Fueron precisamente estos hallazgos en la zona de San Pedro y el antiguo solar del Colegio de Francesas los que aportaron las pruebas científicas definitivas: Huelva no era una ciudad más, sino la ciudad habitada de forma continua más antigua de España y de la península ibérica.

Cada vez que alguien sube la escalinata para entrar a la iglesia, está pisando un suelo donde, de manera ininterrumpida desde hace casi 3.000 años, los seres humanos han rezado, comerciado y vivido.

IGLESIA DE SAN PEDRO HUELVA
  • ANTIGUO MERCADO DEL CARMEN Y SUS TÚNELES

El antiguo Mercado del Carmen (el decimonónico, no el moderno edificio actual) fue durante más de un siglo el corazón palpitante del comercio de la ciudad. Sin embargo, cuando el mercado se trasladó y el viejo solar quedó libre para las excavaciones arqueológicas y las obras, Huelva volvió a demostrar que tiene una doble vida bajo el suelo.

Durante décadas, entre los onubenses ha circulado la leyenda urbana de que el centro de la ciudad está perforado por una red de túneles secretos. Se hablaba de pasadizos que conectaban iglesias, túneles de escape utilizados por contrabandistas en la época de los ingleses, o vías de huida secretas para protegerse de los ataques piratas que asolaban la costa siglos atrás.

Cuando los arqueólogos empezaron a excavar el subsuelo de la zona del antiguo mercado y las calles colindantes, descubrieron que el mito tenía base científica, aunque con una explicación diferente. Lo que aparecieron fueron criptas, sótanos abovedados y galerías subterráneas de la Huelva de los siglos XVII y XVIII, además de estructuras hidráulicas de origen romano. Muchos de estos túneles eran en realidad antiguas canalizaciones de agua y bodegas subterráneas de grandes casas comerciales coloniales que, con el paso de los siglos y el derrumbe de los edificios superficiales (especialmente tras el Terremoto de Lisboa), quedaron aisladas y sepultadas, creando un auténtico laberinto bajo el asfalto.

Hoy en día, esos pasadizos siguen ahí abajo, sellados bajo los cimientos del nuevo desarrollo urbano, guardando el secreto de la Huelva subterránea que muy pocos han podido pisar.

ANTIGUO MERCADO DEL CARMEN Y SUS TÚNELES HUELVA
  • LA FUENTE VIEJA Y EL ACUEDUCTO ROMANO

Si le dices a alguien de fuera que Huelva tiene un acueducto romano del siglo I d.C. a la altura del de Segovia o el de Mérida, probablemente no te crea. Y tiene lógica: el de Huelva no se ve desde el coche ni sale en las postales típicas porque es un acueducto subterráneo. Corre oculto por las entrañas de los cabezos.

La única ventana visible al público de esta impresionante obra de ingeniería es la Fuente Vieja, un pequeño monumento de ladrillo encajado en las laderas del cabezo del Conquero, en el barrio de las Colonias.

Los romanos, que eran unos genios de la infraestructura, descubrieron que el cabezo funcionaba como una esponja natural gigante que filtraba y almacenaba el agua de la lluvia. Así que, en lugar de levantar grandes arcos exteriores, excavaron una galería subterránea de más de un kilómetro de largo que atravesaba el cabezo. Esta galería captaba las filtraciones de agua limpia y la conducía, por pura gravedad, hasta el centro de la Huelva romana (la antigua Onoba Aestuaria).

Lo más increíble de la Fuente Vieja es que sigue funcionando. Si te acercas hoy en día, verás cómo sigue brotando agua continuamente del subsuelo, exactamente igual que hace dos mil años.

Aunque el acceso al interior de las galerías está restringido por seguridad y conservación, ya que hay tramos muy estrechos y pozos de ventilación llamados lumina.

FUENTE VIEJA HUELVA
  • MURALLA MILENARIA EN EL SUPERMERCADO

Recorriendo las estanterías de comida del supermercado, te topas de frente con una estructura de piedra protegida por una cristalera gigante. No es un decorado de cartón piedra; es una muralla real de hace más de 2.500 años.

Esta genialidad ocurre en pleno centro de Huelva, concretamente en el supermercado El Jamón de la calle San Sebastián, muy cerca de la Plaza de San Pedro.

Cuando se fue a construir el edificio, las excavaciones arqueológicas obligatorias toparon con un tesoro: un tramo de la muralla protohistórica de la ciudad, con restos que los expertos datan entre los siglos VII y VI a.C. (de época fenicia y tartésica), además de reformas posteriores de época romana. Era un hallazgo tan importante para demostrar la antigüedad de la Huelva milenaria que no se podía destruir ni volver a enterrar.

La solución fue tan brillante como curiosa: integrar el yacimiento arqueológico dentro del propio establecimiento comercial. Se instalaron grandes paneles de vidrio, se iluminó la estructura y se colocaron paneles informativos para que los clientes pudieran contemplarla.

MURALLA DENTRO DEL SUPERMERCADO JAMÓN HUELVA
  • PALACIO DE MORA CLAROS

Una joya del modernismo andaluz que esconde una historia digna de una novela de espías de entreguerras.

En pleno centro de la ciudad, en la confluencia de las calles Mora Claros y Puerto, se levanta este espectacular palacete de principios del siglo XX. Fue mandado a construir por el empresario y político de la época Antonio Mora Claros y su esposa, Josefa Jiménez. Por fuera es una obra de arte del modernismo, y por dentro, un derroche de lujo con vidrieras espectaculares, maderas nobles y lámparas de cristal que reflejaban la inmensa riqueza que la minería estaba dejando en la provincia.

Sin embargo, detrás del brillo de la alta sociedad y los bailes de gala que allí se organizaban, se escondía un juego geopolítico de alto riesgo. Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, España era oficialmente neutral, pero Huelva era un hervidero estratégico internacional. Británicos y alemanes necesitaban el mineral de las minas (esencial para fabricar armamento) y controlar el puerto de la ciudad.

El Palacio de Mora Claros, al ser el epicentro de la vida social de la burguesía y de los altos cargos relacionados con la minería, se convirtió en el escenario perfecto para el espionaje silencioso.

En sus salones se cruzaban diplomáticos de incógnito, ingenieros británicos, hombres de negocios e informadores locales. Entre copa y copa, risas y música, los espías agudizaban el oído para conseguir información confidencial sobre la salida de los barcos cargados de mineral, sabotajes a las vías del tren o movimientos de los submarinos alemanes (los famosos U-boot) que merodeaban la costa onubense. Lo que parecía una simple fiesta de la aristocracia era, en realidad, un tablero de ajedrez de la guerra secreta en Europa.

PALACIO DE MORA CLAROS HUELVA

No te pierdas la próxima semana, el Post:
 “MISTERIOS Y LEYENDAS DE LAS CATEDRALES: HUELVA”
En este próximo artículo nos adentraremos en el templo mayor onubense para descubrir las cadenas que salvaban vidas, las huellas del peor terremoto de nuestra historia y los misterios que se esconden bajo su suelo. ¡Te espero!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *