GAUDI EL ARQUITECTO DE LA NATURALEZA

Barcelona es una ciudad que no deja indiferente a nadie, por algo los griegos la llamaban Kallípolis, que significa ‘ciudad bella’.

Hablar de Barcelona es sinónimo de hablar de artistas innovadores, como Gaudí, neogótico y modernista en sus orígenes, que supo crear un estilo diferente basado en la observación de la naturaleza.

Para mí, sin duda alguna, el legado de Gaudí es el más claro exponente que hace de Barcelona una ciudad especial y diferente que merece la pena ser visitada.

Retrato de un joven Antoni Gaudí con barba y traje de lana, representando su etapa de dandi en Barcelona

En este post os invito a que me acompañéis a hacer un recorrido por la vida y obra de este genio catalán que es Antonio Gaudí.

  • GAUDI NIÑO: OBSERVADOR (1852-1868)

El 25 de junio de 1852 llegó al mundo Antoni Gaudí i Cornet, en Reus o Riudoms (Tarragona), hay disputa sobre el lugar, en el seno de una familia de caldereros (artesanos que daban forma al cobre). Su padre y su abuelo hacían vasijas curvando metal. Gaudí decía que su capacidad de ver el espacio en 3D le venía de ver a su padre transformar una plancha plana en un volumen curvo. Esa visión espacial «de familia» fue su verdadera escuela.

Debido a su mala salud, pasaba semanas solo en el campo. Su reumatismo infantil lo obligó a ser un espectador. Mientras otros niños corrían, él miraba cómo se retorcía el tronco de un olivo, cómo la concha de un caracol era perfecta para resistir peso, o como eran los esqueletos de los animales y las estructuras de las hojas. De ahí sacó su gran secreto: «En la naturaleza no existen las líneas rectas ni los ángulos de 90 grados».

Sus problemas reumáticos le obligaron a moverse en burro o quedarse sentado. Aprendió que la naturaleza no comete errores: un árbol es perfecto porque aguanta el viento, no porque sea simétrico.

De aquí nace su desprecio por la línea recta. Decía que «la línea recta es de los hombres, la curva es de Dios”

  • GAUDI ADOLESCENTE: EL DANDI REBELDE (1868-1883)

Llega a Barcelona en un momento en el que la ciudad esta derribando sus murallas medievales porque quiere ser moderna. El joven Gaudi no pasa desapercibido. Es un joven ambicioso, guapo y un poco arrogante que llega a la ciudad para estudiar arquitectura.

En esta época, Gaudí era un seductor. Llevaba guantes de cabritilla, barba perfectamente recortada, vestía trajes de lana inglesa, usaba sombreros de copa, se movía en carruajes privados, y comía en los mejores restaurantes, como Can Cullerestes.

Era un estudiante tan brillante como errático y rebelde que tenía desconcertados a sus profesores. En su examen final, diseñó un patio de universidad tan complejo que el director de la escuela, Elies Rogent, dijo: «No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá».

  • VITRINA DE GUANTES (1878)

Gaudí diseñó una vitrina de guantes para la Expo de París que le cambió la vida. Allí lo «fichó» Eusebi Güell, el hombre que pondría el dinero para sus locuras. Sin este mueble, Gaudí habría sido un arquitecto más de barrio y no el genio que hoy conocemos.

En 1878, Gaudí acababa de graduarse. No tenía obras, pero sí un encargo modesto: diseñar una vitrina para la Guantería Comella, un negocio de lujo de Barcelona que iba a participar en la Exposición Universal de París. Mientras que otros diseñaban muebles pesados y clásicos, él diseñó una estructura de hierro, madera y cristal que parecía flotar. Gaudí ya estaba obsesionado con cómo la luz interactuaba con los objetos. Este mueble no era una caja cerrada. Diseñó el cristal de forma que no hubiera marcos gruesos que taparan los guantes. Quería que el producto fuera el protagonista. Usó un sistema de apertura y cierre tan fino que parecía un mecanismo de relojería.

Durante décadas, este mueble fue un mito del que solo se hablaba en los libros de historia. La vitrina original se perdió después de la Exposición de París. Sin embargo, hace unos años, se encontró en una propiedad privada en un estado delicado. Hoy en día, esa vitrina es considerada el «Eslabón Perdido» del modernismo.

Eusebi Güell, uno de los hombres más ricos de España, estaba en París, vio la vitrina y preguntó: «¿Quién es el loco que ha hecho esta maravilla?». Al volver a Barcelona, pidió conocerlo inmediatamente y esto sería el inicio de una amistad que duraría 40 años convirtiéndose en el mejor amigo y mecenas de Gaudí. Güell le dio algo que ningún otro arquitecto tenía: presupuesto ilimitado y libertad para hacer cualquier locura.

EXPOSITOR DE GUANTES DE GAUDÍ
  • CASA VICENS (1883-1885)

La Casa Vicens es el «estallido» de Gaudí. Es donde un joven de 31 años, recién graduado, le dijo al mundo: «No voy a hacer lo mismo que el resto».

Lo más curioso es que es una obra «oriental» hecha por alguien que jamás salió de España. 

Gaudí sentía un respeto casi místico por la naturaleza que iba a destruir para construir.

En el solar donde se levantó la casa crecían unos claveles de moro amarillos y había una palmera gigante. Replicó los claveles en miles de azulejos de cerámica y diseñó la reja de hierro forjado con la forma exacta de las hojas de palmito de esa palmera. Básicamente, «congeló» en piedra y hierro la naturaleza que había allí antes de empezar.

Mucho antes de que existiera la tecnología, Gaudí ya era un genio de la termodinámica. Diseñó una cascada de agua en un arco parabólico cerca del comedor. Cuando el aire pasaba por el agua, se enfriaba y entraba en la casa como una brisa fresca. Además, diseñó una fuente de agua para que el sonido ayudara a los dueños a relajarse del ruido de la ciudad.

En la Casa Vicens está el famoso fumadero, una de las salas más fotografiadas del mundo. El techo está lleno de «muqarnas» (decoración árabe que parecen estalactitas). Lo curioso es que están hechas de papel maché pintado, no de yeso ni madera ya que el papel maché es ligero y absorbía mejor el humo del tabaco de la época.

Gaudí quería que la casa se sintiera como un jardín infinito, para ello, en el interior, pintó las paredes con motivos de plantas y pájaros que continuaban en el techo, usando una técnica llamada trampantojo, para que, cuando estuvieras cenando, tuvieras la sensación de que las paredes no existían y que seguías en el jardín.

En cuanto a la fachada es la obra donde más azulejos usó en proporción al tamaño. Pero no eran azulejos caros; eran piezas sencillas que él combinó de forma magistral para crear un efecto visual de lujo. Fue su primera gran lección sobre cómo el color y la repetición pueden sustituir a los materiales nobles.

Aunque hoy nos parece preciosa, cuando se terminó en 1885, los vecinos se quedaban mirando la casa como algo extravagante. Era tan diferente a los sobrios edificios de la época que muchos pensaban que el arquitecto se había vuelto loco antes de tiempo.

CASA VICENS (BARCELONA) GAUDÍ
  • GAUDI MADURO: EL ÉXITOSO (1883-1910)

Es su etapa de máximo esplendor social. Construye para los más ricos, pero empieza a meter mensajes ocultos en cada piedra.

  • EL PALACIO GÜELL 1886-1890

Construido cerca de las Ramblas parece un castillo veneciano.  

El palacio tiene el «Parking» de caballos más lujoso del mundo. Gaudí diseñó el sótano pensando en el bienestar… de los caballos. Las rampas para que los animales bajaran a las caballerizas no eran lisas. Tienen un relieve de ladrillo colocado de canto para que los caballos no resbalaran. En cuanto a las columnas del sótano tienen forma de hongo y están hechas de ladrillo visto. Están diseñadas para absorber el ruido y que el relincho de los caballos no molestara a los invitados en las plantas superiores. Es, básicamente, el primer garaje insonorizado de la historia.

El salón central es impresionante, pero su techo tiene un secreto astronómico. La cúpula está llena de pequeños agujeros circulares. Durante el día, la luz del sol entra por ellos, y por la noche se encendían linternas desde el exterior, esto hacia parecer desde dentro, que estás mirando un cielo estrellado. Gaudí quería que los Güell cenaran bajo las estrellas incluso si llovía en Barcelona.

Las dos puertas principales de la fachada son enormes arcos parabólicos con un trabajo de hierro forjado espectacular. Entre los hierros hay unas pequeñas rendijas estratégicamente situadas. Esto permitía a la familia Güell ver quién llamaba a la puerta desde el interior sin ser vistos desde la calle. Podemos decir que Gaudí fue el inventor del primer «videoportero» analógico.

Es en este edificio donde Gaudí empieza su obsesión por los tejados decorativos. Antes de Gaudí, las chimeneas eran tubos feos que se intentaban esconder. Él diseñó 20 chimeneas que parecen esculturas de colores. Aquí es donde empieza a usar la famosa técnica del trencadís (cerámica rota) de forma masiva para cubrir las superficies curvas de las chimeneas.

En la época en la que se construyó el palacio, la alta burguesía catalana se estaba mudando al elegante Paseo de Gracia. Sin embargo, Eusebi Güell decidió construir su palacio en la calle Nou de la Rambla, una zona mucho más humilde y oscura, simplemente por motivos sentimentales era la casa de sus padres. Esto supuso un reto para Gaudí quien tuvo que diseñar un palacio que pareciera inmenso y lujoso en una calle muy estrecha donde casi no entraba la luz. Lo logró creando un espacio vertical que se abre hacia arriba como un pulmón.

PALACIO GÜELL (BARCELONA) GAUDÍ
  • CASA BATLLÓ (1904-1906)

Es, sin duda, la obra más colorida y fantástica de Gaudí. Donde el arquitecto deja paso al escultor.

La leyenda más famosa dice que la casa representa la historia de Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña.

En el tejado, las tejas de cerámica brillante parecen las escamas del lomo de un dragón.

La cruz de cuatro brazos que corona la casa sería la empuñadura de la espada de Sant Jordi clavada en el animal.

Las columnas del balcón parecen huesos humanos. Los balcones, parecen antifaces o, más tétrico aún, fragmentos de calaveras de las víctimas del dragón. Por eso la llaman popularmente «La casa de los huesos».

Si miras el patio interior desde abajo, parece que el color azul es uniforme. Pero es un truco óptico. Gaudí puso azulejos azul cobalto arriba (donde hay más sol) y azulejos blancos abajo (donde hay menos). Al degradar el color, consiguió que la luz se repartiera tan bien que, desde cualquier piso, el azul parece exactamente el mismo.

Para la fachada, Gaudí usó su técnica del trencadís, pero de una forma muy especial. No usó solo cerámica, sino también discos de vidrio de diferentes colores. Según cómo le dé la luz del sol a diferentes horas del día, la casa parece cambiar de color. Hay quien dice que representa un mar en calma con flores (nenúfares), inspirado en los cuadros de Monet.

Para entender por qué usaba vidrio roto y platos viejos (el trencadís), hay que entender su humildad religiosa. No era tacañería, era la creencia de que «nada se desperdicia». Veía belleza en lo que otros despreciaban. Su arquitectura era una forma de oración: cada detalle, incluso los que no se veían desde la calle, debían estar perfectos porque «Dios los ve».

Gaudí llevó su obsesión al límite en esta casa. Ni una sola línea recta. Gaudí no inventaba nada. Él decía: «La originalidad consiste en volver al origen». Para él, el origen era la naturaleza, es la obra de Dios. Por eso en sus casas no hay ángulos rectos: porque en la naturaleza no existen.

En la planta noble (donde vivían los Batlló), no encontrarás una sola línea recta ni un ángulo de 90 grados. Las paredes son curvas, los techos parecen remolinos de agua y los marcos de las ventanas parecen huesos o ramas de árboles. Incluso los pomos de las puertas fueron diseñados por Gaudí apretando arcilla con su propia mano para que se adaptaran perfectamente a la palma humana, son los primeros diseños ergonómicos de la historia.

Mucha gente piensa que Gaudí la construyó desde cero, pero no es verdad. Era un edificio normal y corriente construido en 1877. El señor Batlló quería derribarlo, pero Gaudí le convenció para hacer una reforma total.

Cambió la fachada, amplió el patio de luces y creó una obra maestra sobre un esqueleto viejo. Fue una de las reformas más radicales de la historia de la arquitectura.

CASA BATLLO (BARCELONA) GAUDÍ
  • LA PEDRERA O CASA MILÀ (1906-1912)

Si la casa Batlló es «el océano», la Pedrera es la “montaña”. Gaudí diseñaba pensando en el sonido y el tacto, no solo en la vista.

Las chimeneas de la Pedrera están diseñadas para que el viento, al pasar, «cante».

Los pasamanos de sus escaleras tienen la forma exacta de una mano apoyada.

Es quizás la obra más polémica de Gaudí. Hoy es un icono, pero en su momento fue el «patito feo» de Barcelona.

Hoy decir «voy a visitar La Pedrera» suena elegante, pero en 1910 era una burla. El nombre de la Pedrera nació como un insulto. A los barceloneses de la época les horrorizó esa fachada de piedra ondulada y gris. Les parecía un montón de escombros o una «cantera» (en catalán, pedrera). Las revistas satíricas publicaban dibujos de la casa como si fuera un garaje para dirigibles o un avispero gigante. ¡Incluso decían que era el refugio de los animales después del Diluvio Universal!

Gaudí se adelantó décadas a la arquitectura moderna con una innovación técnica brutal. La Pedrera no tiene muros de carga interiores. Se sostiene sobre columnas de piedra y hierro. Esto permite que ninguna planta sea igual a la otra y que los dueños pudieran mover las paredes a su antojo. Fue el primer edificio de «planta libre» de la historia. Básicamente, si querías un salón más grande, solo tenías que mover el tabique porque la estructura no se caía. Fue el primer edificio de viviendas de la ciudad que incorporó un parking subterráneo. Lo diseñó para que los residentes pudieran bajar con sus carruajes (y los nuevos automóviles que empezaban a aparecer) directamente al sótano.

Si subes a la azotea, verás las famosas chimeneas que parecen guerreros con casco. Se dice que George Lucas se inspiró en la forma de estas chimeneas y en los arcos de la azotea para diseñar los cascos de los Stormtroopers y de Darth Vader. No es oficial, pero el parecido es innegable.

CHIMENEAS DE LA PEDRERA (BARCELONA) GAUDÍ

Gaudí odiaba el aire viciado. El edificio se organiza en torno a dos patios interiores inmensos que funcionan como pulmones. Gracias a esto, todos los apartamentos (incluso los de servicio) tienen luz natural y ventilación cruzada. En una época de epidemias y mala higiene, La Pedrera era el edificio más saludable de la ciudad.

Gaudí tenía un carácter de mil demonios, una personalidad indomable. No aceptaba críticas de sus clientes (los mecenas). En una ocasión se dice que la dueña de La Pedrera, Roser Segimon, se quejó de que no había ni una sola pared recta en su nuevo piso, se desesperó y le dijo: «Don Antoni, ¿dónde voy a poner mi piano de cola?». Gaudí con su típica soberbia mística, le contestó: «¿El piano? Señora, pues toque el violín, que es curvo».

La relación de Gaudí con su cliente, la señora Milà, fue un desastre. Gaudí abandonó la obra antes de terminarla por una disputa religiosa y legal con los Milà. La casa iba a estar coronada por una estatua gigante de la Virgen María, pero tras la Semana Trágica de Barcelona (quema de iglesias), los dueños tuvieron miedo de que su casa pareciera un convento y la atacaran. Gaudí se enfadó tanto que se fue y les demandó para cobrar sus honorarios (y ganó).

LA PEDRERA (BARCELONA) GAUDÍ
  • EL PARQUE GÜELL (1900-1914)

Es el ejemplo perfecto de cómo Gaudí podía convertir un «fracaso comercial» en una obra maestra universal. Aquí no solo hubo arquitectura, hubo urbanismo, ecología y mucha simbología oculta.

La curiosidad más grande es que el Park Güell no nació para ser un parque, sino una urbanización de lujo para los ricos de Barcelona.

Gaudí y su amigo el conde Güell proyectaron 60 casas de lujo en plena montaña. ¿El resultado? Solo se construyeron dos. La idea falló porque estaba demasiado lejos del centro (en aquella época era una excursión ir hasta allí) y no tenía transporte público y subir a la montaña cada día era una tortura. Además, Gaudí prohibió talar árboles y puso reglas muy estrictas sobre cómo debían ser los jardines. Los ricos querían muros altos y jardines franceses, y Gaudí quería naturaleza salvaje. Nadie quería un arquitecto tan «pesado» dándoles órdenes de cómo vivir. Así que al final, el propio Gaudí tuvo que comprarse una de las casas y mudarse allí para intentar dar ejemplo. ¡Vivió en el parque 20 años! La otra casa la compró Martí Triach un prestigioso abogado amigo de Gaudí y de Güell.

Gaudí era un ecologista antes de que existiera la palabra. El parque está diseñado como una gran esponja. El suelo de la gran plaza (donde está el banco de colores) es de arena para filtrar el agua de lluvia. El agua se filtra por las columnas de la Sala Hipóstila (la de las 86 columnas) y se almacena en una cisterna gigante de 1.200 metros cúbicos bajo el suelo. Cuando la cisterna se llena, el agua sobra y sale por la boca del famoso dragón (o salamandra) de la entrada. ¡Es una válvula de seguridad!

SALAMANDRA DEL PARQUE GÜELL (BARCELONA) GAUDÍ

El famoso banco ondulado de la plaza no solo es arte, es medicina. Gaudí hizo que un obrero se sentara desnudo sobre el yeso fresco y así hacer un molde para que la curva del banco se adaptara perfectamente a la columna vertebral. Está hecho con la técnica del trencadís. Gaudí enviaba a sus ayudantes a recoger platos, tazas y azulejos rotos de los vertederos y fábricas cercanas. Es el primer gran ejemplo de upcycling (crear algo de valor a partir de basura).

Se dice que el parque es un camino espiritual. Para llegar a la parte más alta (el Calvario), hay que subir un camino serpenteante. Gaudí quería que el visitante hiciera un esfuerzo físico, como un peregrino. Las 86 columnas: Originalmente iban a ser 90, pero Gaudí quitó algunas para crear espacios más amplios. Lo curioso es que, al caminar entre ellas, la sensación es la de estar en un bosque de piedra, ya que las columnas no son todas rectas y el techo tiene decoraciones que parecen flores.

Al igual que en sus casas, aquí la línea recta está prohibida.

Los viaductos y puentes están hechos de piedra rústica extraída de la propia montaña para que «desaparezcan» en el paisaje. Gaudí no quería que la obra humana destacara sobre la montaña, sino que formara parte de ella.

PARQUE GÜELL (BARCELONA) GAUDÍ

Tras las polémicas con la Casa Milà y la muerte de su gran amigo y mecenas Eusebi Güell, el carácter de Gaudí cambió para siempre. El joven dandi que vestía trajes ingleses y frecuentaba los mejores restaurantes de Barcelona desapareció.

Decidió que ya no construiría más mansiones para la burguesía. Se dio cuenta de que su tiempo se agotaba y que debía dedicarse a una sola causa, la más grande de todas. En 1914, se instaló a vivir en su taller, entre planos, maquetas de yeso y una soledad casi monacal.

Cerraba así su etapa como el arquitecto de la ciudad y de la naturaleza, para entregar sus últimos años a un proyecto que le obsesionaba y que, sabía, nunca vería terminado.

No te pierdas la próxima semana, el post
 “GAUDÍ EL ARQUITECTO DE DIOS”
En este Post
analizaremos los motivos que llevaron a Gaudí a abandonar una vida lujosa por una vida de sacrificio y una única obsesión, como construir el cielo en la tierra: La Sagrada Familia.

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