MISTERIOS Y LEYENDAS DE LAS CATEDRALES: BADAJOZ

Fotografía de la fachada exterior de la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz, mostrando su torre fortificada de piedra y la Puerta del Cordero bajo un cielo azul con nubes.

La Catedral Metropolitana de San Juan Bautista de Badajoz es un edificio fascinante, no solo por su arquitectura, sino por ese aspecto de «fortaleza» que la hace única en España.

La historia de la Catedral de Badajoz es, en esencia, la historia de la frontera. Tras la reconquista de la ciudad por el rey Alfonso IX de León en 1230, surgió la necesidad inmediata de dotar a la urbe de una sede episcopal digna. Aunque inicialmente se utilizó una mezquita en la Alcazaba, pronto se decidió levantar un templo de nueva planta.

En 1232 se coloca la primera piedra bajo el mandato del obispo Fray Pedro Pérez. Posteriormente en 1276 se consagra bajo la advocación de San Juan Bautista, aunque todavía estaba lejos de terminarse. En los siglos XIV – XVIII sufre varias reformas. Lo que vemos hoy es una mezcla de estilos. El cuerpo principal es gótico tardío, pero con el tiempo se añadieron elementos renacentistas y un esplendor barroco en sus detalles interiores.

Lo que más impacta al visitante es su aspecto exterior de fortaleza. No es casualidad: al ser una ciudad fronteriza en constante conflicto con Portugal, la catedral fue diseñada con muros gruesos, almenas y una torre sobria y maciza que podía servir de refugio y defensa si la ciudad era atacada.

A lo largo de los siglos, sus muros y la ciudad han sido testigos de eventos de gran calado, como los pactos relacionados con la boda real entre Juan I de Castilla y Beatriz de Portugal en 1383 o el entierro de figuras ilustres como el pintor Luis de Morales, apodado «El Divino».

Una vez visto el papel de esta catedral como baluarte defensivo de Badajoz, llega el momento de cruzar sus umbrales y mirar más allá de lo evidente. Porque este templo no es solo un monumento de fe; es un laberinto de símbolos, leyendas urbanas y detalles que pasan desapercibidos para el ojo distraído. Es hora de adentraremos en los rincones más relevantes y singulares de la Catedral de San Juan Bautista, para conocer desde figuras grotescas ocultas a plena vista hasta códigos grabados por antiguos constructores, vamos a descubrir los aspectos más curiosos y las historias misteriosas que se han trasmitido a lo largo de los siglos.

LA TORRE DE LA CATEDRAL

Si miras el aspecto de la torre de la catedral desde fuera, lo primero que te vendrá a la mente es que no parece la torre de una iglesia, sino un castillo. Y no vas desencaminado. Con sus 11 metros de ancho y sus 41 metros de altura, esta mole de piedra fue diseñada para vigilar la ciudad y dar la voz de alarma ante cualquier peligro, como incendios o revueltas.

Lo que sorprende es el contraste entre la piedra robusta de la base (el carácter guerrero) y el ladrillo de la parte alta (el carácter mudéjar y decorativo).

A diferencia de otras catedrales españolas que presumen de dos torres gemelas, la de Badajoz se alza orgullosa con una sola mole defensiva, reforzando esa imagen de baluarte inexpugnable. Algunos dicen que fue por falta de presupuesto tras las guerras, pero la leyenda popular siempre ha preferido pensar que una sola torre era suficiente para albergar los secretos de la ciudad y que, en caso de asedio, una segunda torre habría sido un punto débil más que una ventaja.

Si te fijas en sus muros, verás que son extremadamente gruesos. Dentro de esos muros hay una escalera de caracol. La torre durante siglos fue el punto más alto de Badajoz, el lugar desde donde los vigías daban la voz de alarma.

Dentro de esos muros tan anchos se esconde una historia de soledad y altura. Antiguamente, la torre no era solo un lugar de paso, sino el hogar de una familia, la del campanero.

En uno de los cuerpos de la torre se encontraba la casa del campanero. Era una vivienda pequeña y austera, pero con las mejores vistas de todo Badajoz. Su trabajo era vital: no solo debía tocar a misa, sino que era el encargado de avisar de incendios, de la llegada de tropas enemigas o de tormentas peligrosas mediante diferentes toques de campana.

Imagina el día a día subiendo y bajando esos escalones de piedra para cualquier necesidad básica. Los campaneros y sus familias vivían literalmente «colgados» sobre la ciudad, escuchando de cerca el estruendo de los bronces cada hora.

Se dice que cada campanero tenía su «toque personal» y que algunos eran capaces de interpretar el sonido de las campanas para saber si algo malo iba a pasar en la ciudad antes que nadie.

Si te animas a conocer la torre por dentro, prepárate para un pequeño reto físico. No hay ascensor. Para llegar a lo más alto hay que enfrentarse a una escalera de caracol con peldaños estrechos y empinados. Son muchos escalones y el espacio es algo angosto, así que no es apto para personas con mucho vértigo o claustrofobia. ¡Pero el esfuerzo vale la pena cuando llegas arriba y ves todo Badajoz a tus pies!

Horarios de visita: Normalmente, la subida a la torre se hace de forma conjunta con la visita al Museo Catedralicio. Durante la subida también visitas la casa del campanero.

Horario:

Mañanas: De martes a sábado, de 10:30 a 14:00.

Tardes: De martes a sábado, de 17:00 a 19:00 (en invierno suele cerrar un poco antes).

Los domingos y lunes suele estar cerrada a las visitas turísticas, así que conviene planificarlo bien.

TORRE DE LA CATEDRAL DE BADAJOZ EXTREMADURA

EL CORO Y SUS SILLAS “PECAMINOSAS”

¡Esta es una de las partes más divertidas y sorprendentes de la Catedral! Si la fachada es seria y militar, el Coro es todo lo contrario: un despliegue de imaginación donde los artistas se tomaron algunas libertades muy curiosas.

En el centro de la nave principal nos encontramos con el Coro, una joya de madera de nogal tallada en el siglo XVI. Es, sin duda, uno de los mejores de España, pero si te acercas y te fijas bien en los detalles de los asientos, las llamadas misericordias, llamadas así porque estos asientos tienen «truco». En las largas horas de rezos y cantos, los canónigos debían permanecer de pie, algo que para los más mayores o cansados era un auténtico suplicio. Al levantar el asiento de madera, aparecía una pequeña repisa o saliente. No era para sentarse del todo, pero permitía apoyar el peso y descansar un poco sin que se notara demasiado bajo las túnicas. Por eso se llaman misericordias, porque eran un alivio piadoso para el cuerpo cansado durante las interminables ceremonias.

Es precisamente en la parte de abajo de esas «misericordias» donde los artesanos tallaron esas figuras extrañas y pecaminosas de las que hablábamos. Es decir, ¡el clérigo descansaba sus posaderas sobre representaciones de monstruos y pecados! Son figuras grotescas y burlonas: Entre los relieves puedes encontrar seres extraños, monstruos devorando a personas y caras con expresiones de dolor o burla. Lo más llamativo es que aparecen representaciones de los pecados capitales y escenas algo «pícaras» o satíricas que parecen fuera de lugar en una catedral. Era una forma de recordar que el pecado siempre está acechando, incluso en el lugar más santo. Se dice que los tallistas aprovechaban estas figuras ocultas para burlarse de personajes de la época o incluso para dejar críticas sociales que no se atrevían a decir en voz alta.

El misterio de estas sillas es ese contraste: mientras el respaldo muestra a santos y escenas bíblicas (lo que mira al cielo), la parte de abajo muestra lo terrenal, lo feo y lo prohibido (lo que mira al suelo). Es un recordatorio visual de la lucha entre el bien y el mal.

SILLAS DEL CORO DE LA CATEDRAL BADAJOZ EXTREMADURA

EL CLAUSTRO MANUELINO

El Claustro de la Catedral de Badajoz es, posiblemente, el rincón más fotogénico y relajante de todo el edificio, pero también uno de los más curiosos por su estilo.

Si al pasear por el claustro sientes que has cruzado la frontera y estás en un monasterio de Lisboa o Évora, no es tu imaginación. Es de estilo manuelino, un gótico muy tardío y cargado de adornos que es típico y exclusivo de Portugal.

El estilo manuelino se inspira en la época de los grandes descubrimientos portugueses. Por eso, si te fijas en las columnas y arcos, verás motivos que parecen cuerdas de barco enrolladas, nudos, esferas y elementos de la naturaleza, como conchas o plantas exóticas, tallados con una delicadeza increíble.

No es común encontrar este tipo de arquitectura fuera de Portugal. Su presencia aquí es el recordatorio de piedra de lo cerca que estamos de nuestros vecinos y de la influencia mutua entre ambos lados de «La Raya» (frontera).

A diferencia de la torre maciza o el coro lleno de figuras extrañas, el claustro transmite una calma total. Es el lugar perfecto para observar cómo la luz del sol juega con las formas de las piedras según la hora del día.

En el suelo del claustro y en las paredes de sus capillas laterales, hay numerosas lápidas y enterramientos. Caminar por él es, literalmente, caminar sobre la historia de las familias que marcaron el destino de la ciudad durante siglos.

CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE BADAJOZ EXTREMADURA

LA LÁPIDA DE LUIS DE MORALES “EL DIVINO”

Hablar de la Catedral de Badajoz es hablar inevitablemente de Luis de Morales, apodado «El Divino» por la increíble espiritualidad de sus cuadros.

Sin ninguna duda fue el pintor más famoso de Badajoz donde nació y murió. Fue el gran maestro del Renacimiento en la región y uno de los pintores más importantes de toda la historia de España, por ello tiene una estatua en un lugar principal, el centro de la Plaza de España de Badajoz, justo frente al Ayuntamiento y dando la espalda a la Catedral de San Juan Bautista.

ESTATUA DE LUIS MORALES «EL DIVINO» BADAJOZ EXTREMADURA

En su época (siglo XVI), era tan famoso que el propio rey Felipe II lo llamó para que pintara en el Monasterio de El Escorial.

Se le reconoce por pintar caras muy alargadas y pálidas, con unas manos delgadas y delicadas que transmiten mucha emoción. Mucha gente llama a Morales «el precedente del Greco» en España. Ambos comparten esa obsesión por estilizar las figuras.

Al igual que el Greco, Morales alargaba los rostros, los dedos y los cuerpos para que las figuras parecieran menos «terrenales» y más «espirituales». Querían que el espectador sintiera que estaba viendo a seres divinos, no a vecinos del barrio. Se dice que le llamaban «El Divino» porque todo lo que pintaba parecía tener una luz que no era de este mundo. Trabajaba con un detalle tan extremo (usando pinceles de un solo pelo) que sus obras parecen casi fotografías de la época. Los dos usaban tonos de piel casi transparentes o grisáceos que les daban a sus personajes un aire místico, casi de otro mundo. Si el Greco destaca por el movimiento y el color, Morales destaca por el esfumado (ese difuminado tan suave en las sombras) que hace que las caras parezcan estar envueltas en una neblina de tristeza o paz y su misticismo.

Así pues, podemos afirmar que Luis Morales fue el hombre que preparó el camino para ese estilo tan dramático y alargado que luego haría famoso al Greco en Toledo.

Aunque sus obras están en el Museo del Prado de Madrid o en grandes pinacotecas del mundo, en la Catedral y en el Museo Catedralicio de Badajoz se pueden ver algunas de sus mejores piezas.

Alguna de sus obras más famosas que puedes visitar aquí son:

La Piedad: Es quizá su obra más famosa y conmovedora. Representa a la Virgen María sosteniendo a Cristo muerto. La delicadeza de las manos y el dolor en los rostros es tan real que impresiona.

El Ecce Homo: Es un tema que Morales repitió mucho porque se le daba de maravilla. Verás a Cristo con la corona de espinas, con una expresión de sufrimiento muy profunda y esa palidez mística que comentábamos.

La Virgen del Pajarito: Una obra mucho más dulce y tierna. Se llama así porque el Niño Jesús sostiene un pequeño pájaro en su mano. Es perfecta para ver cómo Morales también sabía pintar escenas llenas de paz y cariño, no solo de dolor.

Cristo con la Cruz a cuestas: Otra pieza clave donde destaca el esfuerzo y la soledad del personaje. El detalle de las gotas de sangre y el sudor es tan fino que parece que la pintura tenga relieve.

CUADROS DE LUIS MORALES BADAJOZ EXTREMADURA

Aunque Luis de Morales falleció en Badajoz en 1586 y sus restos fueron sepultados en la Catedral, el lugar exacto de su tumba se perdió tras las numerosas reformas del suelo del templo a lo largo de los siglos. Sin embargo, su presencia sigue viva en cada rincón del Museo Catedralicio, donde sus pinturas parecen guardar el alma del artista en la ciudad que lo vio nacer y morir.

LA PUERTA DEL CORDERO

Esta es la puerta que mira hacia la Plaza de España, se llama así por el relieve del Cordero de Dios (Agnus Dei) que preside el arco, pero si bajas la vista hacia los laterales, descubrirás por qué es tan importante para la historia de Badajoz.

En las jambas (columnas laterales) y los laterales verás grabados varios escudos de armas (la heráldica). No están ahí por casualidad; representan a los obispos y a las familias nobles que pusieron el dinero para las obras. Era su forma de decir: «Yo ayudé a levantar esto».

El escudo de Suárez de Figueroa: Uno de los más repetidos es el de este obispo, que fue clave en la construcción. Si te fijas, verás las cinco hojas de higuera, símbolo de su apellido, grabadas con orgullo en la piedra.

En aquella época, la mayoría de la gente no sabía leer, pero todos entendían de heráldica. Ver esos escudos en la puerta principal enviaba un mensaje claro sobre quién mandaba en la ciudad y quiénes eran los protegidos de la Iglesia.

Si te fijas bien en el cordero que da nombre a la puerta, verás que sostiene una cruz. Es un símbolo de paz, pero colocado en una catedral que parece una fortaleza, crea un contraste que resume muy bien la esencia de Badajoz: fe y defensa.

LA PUERTA DEL CORDERO CATEDRAL DE BADAJOZ EXTREMADURA

LAS MARCAS DE CANTERO

Las marcas de cantero son el verdadero ADN de la construcción. Es como si las paredes de la Catedral estuvieran llenas de tatuajes antiguos que solo se ven si prestas mucha atención.

Si te acercas mucho a los bloques de piedra (especialmente en las zonas más antiguas o en el claustro), verás que muchas de ellas tienen grabadas unas pequeñas formas geométricas: flechas, estrellas, cruces, letras o incluso espirales. No son símbolos mágicos ni mensajes de alienígenas. Eran, básicamente, la firma de los obreros. En la Edad Media y el Renacimiento, los canteros cobraban por pieza tallada. Al terminar un bloque, grababan su marca personal para que, al final de la semana, el capataz pudiera contar cuántas piedras había hecho cada uno y pagarle lo que le correspondía. Si una piedra salía defectuosa o se rompía, gracias a la marca sabían perfectamente qué cantero la había tallado.

Es fascinante ver cómo una misma marca se repite en diferentes partes de la Catedral. Puedes «seguir» el trabajo de un mismo obrero por todo el edificio. Por ejemplo, si encuentras una piedra con una «A» y metros más allá ves otra igual, significa que ese mismo cantero estuvo trabajando en ambas zonas.

No te pierdas la próxima semana, el Post:
 “COJONDONGO EL PLATO ESTRELLA DE BADAJOZ”
¿Sabías que mucho antes de que existiera el gazpacho moderno en Badajoz ya se refrescaban con un plato magistral llamado cojondongo? En el próximo post te contamos su historia y dónde probarlo.

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