MISTERIOS Y LEYENDAS DE LAS CATEDRALES: HUELVA

Fachada barroca de color salmón de la Catedral de la Merced en Huelva bajo un cielo azul despejado, mostrando sus dos torres campanario gemelas reconstruidas tras el terremoto de 1755.

La Catedral de Huelva conocida como:  Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced tiene una historia que parece el guion de una película de aventuras.

El templo empezó a construirse a principios del siglo XVII (allá por el año 1605) gracias a los Duques de Medina Sidonia. Su estilo arquitectónico es una mezcla muy curiosa. Por fuera, su fachada tiene ese color tan andaluz y es de estilo barroco, que básicamente significa que es monumental, llamativa y con muchas curvas y adornos. Sin embargo, su historia es accidentada sufrió el famosísimo Terremoto de Lisboa de 1755 y casi la destroza por completo. Tuvo que ser reformada varias veces, por lo que su interior es mucho más sobrio, luminoso y ordenado. Un edificio fuerte, con cicatrices y con mucha solera.

EL TERREMOTO DE LISBOA

Pero lo verdaderamente fascinante de la Catedral de Huelva son las historias que no vienen en las guías turísticas oficiales y que vamos a ver a continuación.

  • LAS CADENAS DE LA FACHADA

Las gruesas cadenas de hierro que rodean la entrada, hoy en día nos parecen una simple barrera para que la gente no pase o no aparque, pero hace siglos, cruzar esa línea de hierro te podía salvar la vida. En la España del Antiguo Régimen existía una ley real y eclesiástica llamada el Derecho de Asilo en Sagrado. Esto significaba que la justicia civil (los soldados, los alguaciles o la policía de la época) no tenía jurisdicción ni poder dentro de las propiedades de la Iglesia. Las cadenas de la fachada de la Merced de Huelva marcaban el límite exacto de ese territorio. Si una persona cometía un delito o era perseguida por la justicia civil por cualquier motivo, y conseguía correr lo suficientemente rápido como para cruzar esas cadenas y meterse dentro del perímetro del templo, los alguaciles se tenían que detener en seco. No podían tocarle. Una vez dentro, el perseguido quedaba bajo la protección de los monjes mercedarios y de las leyes de la Iglesia. A partir de ahí, se iniciaba un proceso legal diferente y complejo entre las autoridades civiles y las eclesiásticas para decidir qué se hacía con el refugiado. Esas cadenas de hierro eran, literalmente, la línea que separaba la libertad o la horca por la protección de la Iglesia.

  • LA LEYENDA DEL MONJE DE LA MERCED

Aunque los libros de historia oficial no recogen fenómenos sobrenaturales, las leyendas populares a veces se escriben con los testimonios de la gente de a pie. Y la Catedral de Huelva, junto al antiguo convento anexo, tiene su propia crónica negra.

Para entender este misterio hay que recordar que el edificio de la Catedral ha tenido muchas vidas. Antes de ser templo mayor fue convento, pero en el siglo XX pasó a ser el Hospital Provincial de Huelva y, más tarde, una de las sedes de la Universidad. Fue precisamente durante esas últimas décadas del siglo XX cuando empezó a fraguarse la leyenda.

Vigilantes de seguridad, personal de limpieza y trabajadores de mantenimiento que se quedaban a altas horas de la noche en el edificio empezaron a reportar experiencias inexplicables. Los testimonios, recogidos en su día por investigadores de la crónica de misterio andaluza, coincidían en detalles muy concretos: ruidos de pasos pesados en pasillos completamente vacíos, caídas bruscas de temperatura sin motivo aparente y puertas que se cerraban de golpe.

Sin embargo, el relato más repetido habla de la silueta difusa de un hombre vestido con lo que parecía un hábito o túnica oscura, que se desvanecía al doblar las esquinas de los antiguos claustros. Popularmente, los trabajadores bautizaron a esta presencia como «el monje», asociándolo a alguno de los antiguos religiosos de la Orden de la Merced que habitaron el lugar siglos atrás y cuyas criptas y enterramientos, de hecho, se encuentran bajo el mismísimo suelo del complejo.

  • LAS CICATRICES DEL TERREMOTO DE LISBOA

Eran las 10:00 de la mañana del día de Todos los Santos de 1755 cuando la tierra empezó a temblar con una violencia nunca vista. El epicentro estuvo en el Atlántico, pero en Huelva el impacto fue devastador. La Iglesia de la Merced, que por aquel entonces era un templo imponente con dos grandes torres gemelas en su fachada, sufrió daños estructurales gravísimos que cambiaron su fisonomía para siempre.

Los informes de la época, guardados en los archivos históricos, detallan con precisión quirúrgica el desastre:

El violento vaivén de la tierra agrietó de arriba abajo las dos torres originales de la fachada. Quedaron tan dañadas y en tal peligro de desmoronamiento que tuvieron que ser demolidas casi por completo para evitar que cayeran sobre las casas vecinas.

La antigua cúpula que coronaba el crucero del templo no aguantó la presión y se vino abajo, destrozando parte del interior de la iglesia.

El estado del edificio era tan ruinoso y peligroso que los monjes mercedarios tuvieron que abandonarlo por completo. Durante años, la comunidad religiosa tuvo que trasladarse y oficiar los cultos en una humilde residencia provisional mientras se decidía qué hacer con los muros agrietados.

La reconstrucción no llegó hasta décadas después, a finales del siglo XVIII, gracias al diseño del prestigioso arquitecto Pedro de Silva. Si te fijas hoy en día en la fachada de la Catedral, verás que las torres actuales son más bajas, chatas y compactas que las de otras catedrales barrocas. No fue un capricho estético: se diseñaron así a propósito para rebajar el centro de gravedad del edificio y asegurar que, si la tierra volvía a temblar en Huelva, la Catedral se mantuviera en pie.

Esas torres que vemos hoy son el recuerdo vivo y la cicatriz real de aquel devastador terremoto.

*Sí quieres conocer más acerca de este terremoto te invito a que leas mi Post: Lisboa de la riqueza a la pobreza

  • LA VIRGEN DE LA CINTA

Para contar bien esta historia, hay que hacer un pequeño viaje dentro de la propia Huelva. Aunque la Catedral custodia una de las imágenes de la Virgen de la Cinta y es su gran punto de encuentro en el centro de la ciudad, el origen de todo está en un lugar geográfico muy concreto: el Cabezo del Conquero.

Los cabezos son esas famosas formaciones de tierra elevadas tan características del paisaje de Huelva. En lo alto del Conquero se levanta, desde el siglo XV, el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Cinta. Los libros de historia y las crónicas religiosas locales sitúan allí el nacimiento de la devoción. Cuenta la historia documentada que en ese santuario se conserva un valiosísimo fresco original (una pintura mural en la pared) que representa a la Virgen con el Niño Jesús, el cual sostiene una cinta dorada en sus manos.

¿Y cómo conecta este cabezo con nuestra Catedral de la Merced? A través de una de las tradiciones vivas más antiguas e importantes de los onubenses: la Bajada y la Subida de la Virgen.

Cada año, a finales de agosto, la Virgen de la Cinta «baja» desde su santuario en lo alto del Cabezo del Conquero hasta el centro de la ciudad, y su destino final es precisamente la Catedral de la Merced. Allí se celebran los cultos principales en su honor durante los primeros días de septiembre. Una vez terminadas las fiestas, la imagen inicia la célebre «Subida», un multitudinario camino de regreso serpenteando los cabezos hasta volver a su ermita del Conquero.

Por eso, la Catedral y el Cabezo del Conquero están unidos de forma indestructible: uno es el hogar de la Patrona vigilando la ría desde las alturas, y la otra es la gran casa que la recibe en el corazón de Huelva.

Pero ¿por qué es tan importante para los hombres del mar?

La devoción de los marineros onubenses por la Virgen de la Cinta viene de muy antiguo, pero el hito histórico real más impresionante nos lleva directos a Cristóbal Colón y el viaje del Descubrimiento de América en 1492.

Las crónicas de la época (incluido el propio diario de a bordo de Colón) recogen que, durante el viaje de regreso a España en 1493, una terrible tormenta en medio del Atlántico estuvo a punto de hundir la carabela La Niña. En un momento de absoluta desesperación, Colón y su tripulación hicieron un voto cimentado en la fe: prometieron que, si sobrevivían y tocaban tierra, irían descalzos y en camisa a rezar al primer templo de la Virgen de la Cinta que encontraran en la provincia de Huelva.

Cuando consiguieron salvarse y desembarcaron en Palos de la Frontera, el propio Cristóbal Colón cumplió su palabra y acudió a rezarle a la Virgen para agradecer el «milagro» de haber salido con vida de aquella tempestad.

A partir de ese viaje, la Virgen de la Cinta se convirtió en el faro espiritual de los navegantes que partían hacia América. Los marineros de la ría de Huelva no se echaban a la mar sin encomendarse a ella, y el templo se llenó durante siglos de «exvotos»: pequeñas maquetas de barcos y ofrendas reales que los marineros dejaban en agradecimiento tras sobrevivir a naufragios, ataques de piratas o tormentas en alta mar.

VIRGEN DE LA CINTA Y SU SANTUARIO EN HUELVA
  • MARTÍNEZ MONTAÑEZ

Si entras en la Catedral de Huelva y buscas una de sus joyas más valiosas, la mirada te llevará directamente hacia el Santo Cristo de Jerusalén y del Buen Viaje. Esta impresionante talla del crucificado es una obra documentada de Juan de Martínez Montañez, conocido en la historia del arte como el «Dios de la Madera» por ser el máximo exponente de la escuela sevillana de escultura del siglo XVII.

Los libros de arte e historia nos revelan datos muy curiosos sobre esta imagen real:

La obra no se hizo originalmente para la Catedral de Huelva, sino que fue un encargo realizado a principios del siglo XVII (hacia 1606) para el desaparecido Convento de San Francisco de la ciudad.

El nombre «del Buen Viaje» se debe a su vinculación marinera. Al estar situada la iglesia cerca de las zonas de embarque, los marineros onubenses acudían a rezar ante este crucificado justo antes de echarse a la mar, pidiéndole protección para tener un «buen viaje» de ida y vuelta a través del Atlántico.

Tras los convulsos años del siglo XIX, con el abandono de los conventos debido a las desamortizaciones del gobierno, la imagen cambió de ubicación. Afortunadamente, se protegió y pasó a formar parte del patrimonio de la Iglesia de la Merced (la actual Catedral), donde hoy preside una de sus capillas.

La genialidad de Martínez Montañez quedó grabada en el dramatismo del rostro, el realismo de la anatomía y la profunda espiritualidad que transmite. No es solo un objeto de devoción para la Hermandad de los Judíos (que procesiona con él cada Jueves Santo), sino una de las páginas más brillantes de la historia del arte barroco español que podemos contemplar en vivo dentro de la Catedral.

CRISTO DE JERUSALÉN Y DEL BUEN VIAJE CATEDRAL DE HUELVA
  • UN PASADO MILITAR

Si hoy entramos en la Catedral de Huelva respiramos silencio y espiritualidad, pero si viajáramos en el tiempo unos 180 años atrás, lo que escucharíamos sería el eco de las botas militares, camillas de hospital e incluso las voces de adolescentes en plenas clases de secundaria.

Este cambio radical ocurrió en el siglo XIX debido a un acontecimiento histórico real: la Desamortización de Mendizábal (1835-1836). El Gobierno de España decidió expropiar los bienes de las órdenes religiosas, lo que obligó a los monjes mercedarios a abandonar definitivamente su convento. El edificio pasó a manos del Estado, que decidió darle usos puramente civiles y militares:

El Hospital Militar: El antiguo claustro y las dependencias de los monjes se transformaron en un Hospital Militar para el ejército. Las celdas donde antes se rezaba pasaron a albergar camas para soldados enfermos o heridos. Durante décadas, este complejo fue el centro sanitario de referencia de las tropas de la zona.

El Instituto de Segunda Enseñanza: En la segunda mitad del siglo XIX, parte de esas mismas instalaciones civiles se convirtieron en el Instituto de Bachillerato de Huelva. Por esos pasillos que hoy conectan con la Catedral caminaron figuras ilustres de la cultura española. El dato histórico más célebre es que entre sus aulas estudió el mismísimo Juan Ramón Jiménez, el genial poeta de Moguer y Premio Nobel de Literatura.

JUAN RAMÓN JIMENEZ

Tuvieron que pasar muchos años para que el complejo recuperara su función religiosa original y terminara convirtiéndose, ya en el siglo XX (1953), en la Catedral que conocemos hoy.

  • CRIPTAS Y ENTERRAMIENTOS

Cuando caminamos hoy en día por las naves de la Catedral de Huelva, rara vez miramos hacia abajo, pero bajo nuestros pies se extiende un auténtico cementerio histórico. En los siglos XVII y XVIII, antes de que existieran los cementerios públicos a las afueras de las ciudades, lo normal era enterrar a las personas dentro de los templos religiosos, y el antiguo Convento de la Merced funcionó así durante generaciones.

Los libros de historia y los documentos de la comunidad mercedaria certifican que bajo el suelo de la Catedral existen varias zonas de enterramiento perfectamente diferenciadas:

La cripta de los monjes: Los religiosos de la Orden de la Merced que vivieron, rezaron y murieron entre esos muros durante más de dos siglos eran sepultados en criptas subterráneas comunes o bajo el propio suelo del claustro (el patio del antiguo convento).

El panteón de los nobles: Al ser un templo fundado y protegido por la alta nobleza (la todopoderosa Casa de Medina Sidonia, que ostentaba también el Condado de Niebla), las capillas principales del templo estaban reservadas para los enterramientos de nobles, benefactores y miembros ilustres vinculados a estas familias que aportaban dinero para el mantenimiento del convento.

Las sepulturas de los fieles: Los ciudadanos de Huelva que tenían recursos económicos suficientes pagaban a la Iglesia para asegurarse un hueco «lo más cerca posible del altar», ya que existía la firme creencia religiosa de que ser enterrado en suelo sagrado ayudaba a la salvación del alma.

Hoy en día, la inmensa mayoría de estas tumbas y criptas subterráneas están selladas y ocultas a la vista del público por las reformas del suelo que se hicieron a lo largo de los siglos XIX y XX, pero siguen ahí.

No te pierdas la próxima semana, el Post:
 “PAPAS CON CHOCO, LA RÍA DE HUELVA EN TU PLATO”
En este post descubriremos la receta tradicional, los trucos de abuela y los mejores restaurantes de la capital para disfrutar de este plato de “toma pan y moja”.

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