EL CID, DE VASALLO A PRINCIPE

VASALLO, PRINCIPE

“Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.”

Rodrigo Diaz de Vivar, fue un caballero castellano del siglo XI, para unos un héroe, para otros un mercenario, un hombre de la frontera, un personaje histórico rodeado de leyendas, al que los árabes respetaban y temían. Gracias a la obra “El Cantar del Mio Cid” tenemos la suerte de conocer con bastante exactitud su vida, aunque rodeada de leyenda.

Esta obra que en un principio se creyó que era anónima, según estudios recientes, el autor podía tratarse de Abu l-Walid al Waqqashi, un famoso gramático, científico, historiador, y poeta hispanoárabe, afincado en Valencia, conocido como el hombre más inteligente y sabio de su tiempo, un musulmán tolerante y con gran don de gentes.

ABU L -WALID AL WAQQASHI

Pero vayamos por partes, Rodrigo Díaz nació en un pueblo burgalés llamado Vivar (en la actualidad Vivar del Cid).

VIVAR DEL CID (BURGOS)

EL NACIMIENTO

No sabemos su fecha exacta de nacimiento, lo que si conocemos es que nació en el seno de una familia de la baja nobleza. Su padre, Diego Laínez, era, según todos los indicios, hijo del conde de León. Sin embargo, nunca llegó a pertenecer a la corte posiblemente porque su familia había caído en desgracia en el siglo XI, al sublevarse contra Fernando I. Sin embargo, Rodrigo obtuvo el titulo de infanzón por lo que se crió como miembro del séquito del infante don Sancho, hijo primogénito del rey. Fue éste quien lo nombró caballero y con el que acudió al que posiblemente sería su primer combate, la batalla de Graus en 1063 (cerca de Huesca).

SUS INICIOS COMO VASALLO DEL REY

Las tropas castellanas habían acudido en ayuda del rey moro de Zaragoza, protegido del rey castellano, contra el avance del rey de Aragón, Ramiro I. En esa batalla muere Fernando I, por lo que sus reinos se reparten entre sus hijos, dejando al mayor, Sancho, Castilla; a Alfonso, León y a García, Galicia. Igualmente, legó a cada uno de ellos el protectorado sobre determinados reinos andalusíes, de los que recibirían el tributo de protección llamado parias. Como dice el refranero español: El que deja herencia deja pendencia”, el equilibrio de fuerzas era inestable y pronto comenzaron las fricciones, que acabaron conduciendo a la guerra entre los hermanos.

LA HERENCIA DEL REY FERNANDO I

En 1068 Sancho II y Alfonso VI se enfrentaron en la batalla de Llantada, a orillas del Pisuerga, venciendo el primero. Posteriormente en 1071, Alfonso logró controlar Galicia, que quedó nominalmente repartida entre él y Sancho, pero esto no lograría terminar con los enfrentamientos y en 1072 se libró la batalla de Golpejera, cerca de Carrión, en la que Sancho venció y capturó a Alfonso adueñándose así de su reino.

El joven Rodrigo que por aquel entonces tendría unos 23 años, destacó en estas batallas siendo su cargo el de alférez o abanderado del rey Sancho y probablemente sería aquí donde se ganase el sobrenombre de Campeador (Batallador), siendo conocido desde entonces tanto entre cristianos como entre musulmanes, como Rodrigo el Campeador.

Después de la derrota de don Alfonso (que logró exiliarse en Toledo), Sancho II había reunificado los territorios regidos por su padre, hasta que, a finales del mismo año de 1072, un grupo de nobles leoneses descontentos, agrupados entorno a la infanta doña Urraca, hermana del rey, se alzaron contra él en Zamora. Don Sancho acudió a sitiarla con su ejército, cerco en el que Rodrigo realizó también luchó , pero que al rey finalmente le costó la vida, al ser abatido por el caballero zamorano Bellido Dolfos.

La imprevista muerte de Sancho II hizo pasar el trono a su hermano Alfonso, que regresó rápidamente de Toledo para ocuparlo.

Las leyendas del siglo XIII cuentan como Rodrigo desconfiando de como había sucedido la muerte del rey Sancho II, obliga a jurar a don Alfonso en la iglesia de Santa Gadea en Burgos que nada tuvo que ver en la muerte de su hermano.

LA JURA DE SANTA GADEA (BURGOS)

Pero esto sólo es leyenda, ya que por el contrario nadie le exigió semejante juramento y además el Campeador, gozaba de la confianza de Alfonso VI, quien a pesar del resentimiento que tenía hacia Rodrigo Díaz tras las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), en las que el nuevo monarca se había visto obligado a refugiarse en la corte musulmana, lo premió casándolo con una pariente suya, su prima tercera doña Jimena Díaz. Esto suponía un ascenso social para el Cid a la vez que el rey se aseguraba de su fidelidad hacia él. Tan buen soldado más le convenía tenerlo de cara que de culo.

EL MATRIMONIO DEL CID

Jimena Díaz era una noble dama asturleonesa que, según las investigaciones más recientes, era además sobrina segunda del propio Rodrigo por parte de padre. Un matrimonio de semejante alcurnia era algo a lo que todo noble que no fuese de primera fila desearía aspirar, lo cual revela que el Campeador estaba cada vez mejor situado en la corte. Pero en esta boda había un pequeño problema y es que doña Jimena fue más una alianza política que un matrimonio por amor, ya que había sido Don Rodrigo el que mató al Conde Diego Rodríguez, padre de Doña Jimena, en una disputa. Aun así el Cid consiguió no solo que lo perdonase por ello, sino que se enamorase de él.

DOÑA JIMENA

Del matrimonio nacerían 3 hijos: Cristina, Diego (falleció con 21 años en la batalla de Consuegra) y María.

EL PRIMER DESTIERRO

Tiene lugar en 1081. Alfonso había puesto a Rodrigo al frente de la embajada enviada a Sevilla en 1079 para recaudar las parias que le adeudaba el rey Almutamid, mientras que García Ordóñez acudía a Granada con una misión similar. Mientras Rodrigo desempeñaba su delegación, el rey Abdalá de Granada, secundado por los embajadores castellanos, atacó al rey de Sevilla. Como éste se hallaba bajo la protección de Alfonso VI, precisamente por el pago de las parias que había ido a recaudar Rodrigo, éste tuvo que salir en defensa de Almutamid y derrotó a los invasores, capturando a García Ordóñez y a otros magnates castellanos. Esto, en los altos círculos cortesanos, sentó muy mal por lo que empezaron a murmurar de Rodrigo ante el rey. Acusándolo falsamente de haberse quedado con las parias que fue a recaudar a Sevilla. El Cid es desterrado de Castilla por el rey Alfonso VI. Antes de abandonar tierras burgalesas, el Cid se dirigió al Monasterio de San Pedro de Cardeña para despedirse de sus hijas y de su mujer, encomendando al abad don Sancho la custodia de su familia.

PRIMER DESTIERRO DEL CID

Rodrigo Díaz partió al exilio seguramente a principios de 1081 pero no se fue sólo, junto a él otros muchos caballeros que habían perdido antes que él la confianza de su rey, acudieron a buscar un nuevo señor a cuyo servicio ponerse, junto con su mesnada.

Una mesnada (ejercito) no vive del aire y por lo tanto se necesita dinero para alimentarla… Así surge la leyenda del cofre.

Según narra el “Cantar del Mio Cid”, con un cofre cerrado engañó el Cid a los judíos burgaleses Raquel y Vidas, los prestamistas que financiaron el ejército que le acompañó al destierro. Cuenta la leyenda que el Cid mandó llenar el cofre de arena y piedras e hizo creer a los judíos que contenía todas sus joyas y objetos preciados, dineros y armas mucho más valiosos que las monedas que le entregaron para equipar y mantener a los 300 hombres que le acompañaron en su partida. El cofre se custodia en la capilla del Corpus de la Catedral burgalesa, como un recuerdo del Campeador y una lección contra la usura de los avariciosos judíos que vieron recompensada con la ruina su codicia.

COFRE DEL CID (CATEDRAL DE BURGOS)

Al parecer Rodrigo ya con dinero se dirigió con su mesnada, primeramente, a Barcelona, donde gobernaban dos condes hermanos, Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero no consideraron oportuno acogerlo en su corte. Entonces opto por ir a la taifa de Zaragoza y aunque parezca algo sorprendente no lo es pues las cortes musulmanas a menudo eran, por una u otra causa, el refugio de los nobles del norte.

Cuando Rodrigo llegó a Zaragoza, aún reinaba, ya achacoso, Almuqtadir, uno de los más brillantes monarcas de los reinos de taifas, celebrado guerrero y poeta, que mandó construir el palacio de la Aljafería. Pero el viejo rey murió muy poco después, quedando su reino repartido entre sus dos hijos: Almutamán, rey de Zaragoza, y Almundir, rey de Lérida.

El Campeador siguió al servicio del primero, a quien ayudó a defender sus fronteras contra los avances aragoneses por el norte y contra la presión leridana (del hermano) por el este. Las principales campañas de Rodrigo tuvieron lugar al poco de acceder Almutamán al trono, pues Almundir, que no quería someterse en modo alguno a su hermano mayor, había pactado con el rey de Aragón y el conde de Barcelona (recordemos que este es el que había rechazado a Rodrigo) para que lo apoyasen.

Temiendo un inminente ataque, el rey de Zaragoza envió a Rodrigo a supervisar la frontera nororiental de su reino, la más cercana a Lérida. Tras negociar infructuosamente con los sitiadores para que levantasen el asedio, Rodrigo los atacó y, pese a su inferioridad numérica, los derrotó por completo y capturó al propio conde de Barcelona.

Después de cada éxito militar, el Cid manda regalos al rey Alfonso, y el rey por fin lo perdona y bendice las bodas de sus hijas con los infantes de Carrión, Diego y Fernando, dos piezas de cuidado, estos piensan que con la boda aumentaran su riqueza y honor. Pero el Cid desconfía de ellos por su cobardía y falta de honor. Estos abandonan a sus hijas en plena sierra. Los infantes fueron vencidos y declarados infames y alevosos. Las hijas fueron llevadas a Valencia con el Cid don fueron pedidas para los príncipes de Navarra, D. Ramiro, y Aragón, D. Sancho.

EL SEGUNDO DESTIERRO

Tiene lugar en 1089. En noviembre de 1088 Alfonso VI solicitó ayuda al Cid para atacar a los almorávides, que sitiaban la fortaleza de Aledo, en Murcia. El encuentro entre las tropas de Alfonso y del Cid debía producirse en la zona alicantina de Villena, pero ambos ejércitos, por causas desconocidas, no llegaron a encontrarse. El Cid montó su campamento en Elche. Allí supo que el rey Alfonso VI, furioso al no recibir la ayuda del Campeador, le había declarado traidor, la deshonra más grave para un caballero, y en consecuencia le había arrebatado todas sus heredades y condenado a un segundo destierro, llevando a su mujer y a sus hijos a prisión. Pero finalmente, Alfonso accedió a que Jimena y sus hijos lo pudieran acompañaran en su destierro.

SE TERMINÓ EL VASALLAJE

Toda paciencia tiene un límite y el límite de tan noble vasallo se terminó cuando el rey lo exilia por segunda vez junto con su familia.Eran las navidades de 1088, cuando decidió no servir a ningún señor y actuar por su cuenta y riesgo. Lo que en un principio pudo parecer una desgracia lo convirtió en un triunfo. El Cid nunca perdió una batalla, tras el segundo destierro, decidió crear su propio reino. Conquistó el Levante y repelió todos los ataques de los musulmanes, los cuales le pusieron el nombre de «SIDI» o «CID» que significa, SEÑOR.

Valencia era entonces un tesoro codiciado, un cruce de culturas y comercio. Rodrigo la asedió con paciencia y tras varios intentos frustrados y un duro asedio de 6 meses, por fin tomó la ciudad. Permitió que los musulmanes que quisiesen pudieran permanecer en la ciudad con la condición de pagar un diezmo, o partir con todas sus pertenencias. Ya no era vasallo de ningún rey. Era señor de una ciudad regida por él, donde convivían cristianos, musulmanes y judíos bajo su autoridad.  Desde entonces, el caudillo castellano se autoproclamo con el título de «Príncipe Rodrigo el Campeador» como así consta con la firma que estampó al dedicar a la Virgen María la catedral de Valencia «el año de la Encarnación del Señor de 1098».

LA MUERTE DEL CID

La última leyenda la creó un monje en el siglo XIII para atraer peregrinos al monasterio de San Pedro de Cardeña y conseguir donaciones.

Dice la leyenda que el Cid ganó una batalla después de muerto. Cuentan que lavaron varias veces su cuerpo, lo enjuagaron con bálsamos y mirra de los pies a la cabeza, lo armaron con cotas de malla y yelmo de buen acero, lo vistieron con talares blancos y, con la Tizona en la mano, los ojos abiertos y las barbas aderezadas y limpias, lo subieron a lomos de Babieca. Con, Pedro Bermúdez, su portaestandarte, a un lado, y Gil Díaz, su hombre de confianza, un musulmán convertido a la fe cristiana, situado en el flanco contrario, Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, salió por última vez al frente de sus huestes y derrotó a los almorávides en justa liza, expulsándolos hacia el mar, causando una enorme mortandad entre sus filas y provocando que muchos se ahogaran antes de subir a los barcos para huir.

El Cid murió de muerte natural en Valencia, siendo rey de esta ciudad, en el verano de 1099. Sus restos fueron trasladados al monasterio de San Pedro de Cardeña, por su esposa Jimena, la cual fallecería el 29 de agosto de 1116, probablemente. Fue enterrada junto al Cid en el mismo monasterio.

SEPULCRO DEL CID Y JIMENA (SAN PEDRO DE CARDEÑA, BURGOS)

Pero durante la Guerra de Independencia española, los restos fueron expoliados hasta que en 1921 fueron recuperados y trasladados desde Francia a la Catedral de Burgos, donde Rodrigo y Jimena por fin descansan juntos en el altar mayor.

TUMBA DEL CID Y JIMENA EN EL ALTAR MAYOR DE LA CATEDRAL (BURGOS)

La película: El Cid, protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren, ha sido sin duda la que ha dado a conocer este mítico personaje legendario fuera de nuestras fronteras.

EL CID

Sí te ha gustado este Post y te gustaría saber más sobre esta legendaria figura, te recomiendo leer el libro: SIDI del escritor español, Arturo Pérez Reverte.

No te pierdas la próxima semana, el interesante post,

“BURGOS PIEDRA Y LEYENDA”
En este Post bajaremos a pozos secretos, descubriremos por qué el Cid tiene una corneja de la suerte y desvelaremos la misteriosa muerte de un rey en la Casa del Cordón. ¡Nos vemos en el corazón de Castilla!

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