MISTERIOS Y LEYENDAS DE LAS CATEDRALES: BARCELONA

Antes de empezar a hablar sobre la Catedral de Barcelona, siento que es necesario aclarar un concepto.

Una catedral es la iglesia principal de una diócesis y se distingue por ser la sede oficial del obispo.

Su nombre proviene de la «cátedra» (del latín cathedra, silla), que es el asiento físico desde el cual el obispo preside las celebraciones y enseña a los fieles. Por eso, aunque una ciudad tenga iglesias mucho más grandes o famosas, solo puede haber una catedral, ya que es el «centro de mando» espiritual y administrativo de esa zona.

Así que cuando visites Barcelona «No te líes: en una ciudad solo puede haber una Catedral. Las demás, ya sea la Sagrada Familia o Santa María del Mar, por muy grandes o famosas que sean, son solo Basílicas.

Fachada gótica de la Catedral de Barcelona con sus torres y cimborrio central bajo un cielo rosado al atardecer.

La Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia se llama así porque La Santa Cruz es su advocación principal y Santa Eulalia es la joven copatrona de la ciudad cuyos restos descansan en la cripta y a quien pertenecen las 13 ocas del claustro. La otra patrona de la ciudad es la Virgen de la Merced.

La Catedral de Barcelona se encuentra en el punto más alto del antiguo monte Táber, en el corazón del Barrio Gótico. Es el máximo exponente del gótico catalán. Aunque se asienta sobre los restos de una basílica paleocristiana del siglo IV y una catedral románica posterior, el edificio que vemos hoy comenzó a forjarse en el medievo. La estructura gótica principal se construyó entre los años 1298 y 1448. Sin embargo, la espectacular fachada neogótica que vemos hoy y su gran torre de 70 metros son del siglo XIX. Durante siglos, la catedral estuvo «desnuda», con una pared lisa y fea. Se terminó para la Exposición Universal de 1888 siguiendo los planos originales del siglo XV que habían quedado olvidados en un cajón.

 La nave central tiene una altura de 26 metros y la torre principal alcanza los 70 metros.

  • LA SILLA DEL REY

Nada más entrar por la puerta principal, te toparás con una «caja» de madera tallada en medio de la nave, es la Silla del Rey, situada en el Coro de la Catedral de Barcelona, uno de los más espectaculares de Europa, pero lo más destacado es la Silla del Rey.

Si te fijas en los respaldos de los asientos (los sitiales), verás que están pintados con escudos de armas. Pero hay uno que destaca sobre todos los demás: el de Carlos I de España y V de Alemania. Es el escudo del Sacro Imperio Romano Germánico, con el águila bicéfala. Está situado en el asiento principal, el de honor, diseñado específicamente para el emperador. Todo se debe a un evento histórico real en 1519. Carlos I eligió la Catedral de Barcelona para celebrar el XIX Capítulo de la Orden del Toisón de Oro. La Orden del Toisón de Oro era (y sigue siendo) la orden de caballería más prestigiosa y exclusiva del mundo. Allí se sentaron los nobles más poderosos de Europa, todos vestidos con sus capas rojas y collares de oro. Como los caballeros de la orden eran muchos y venían de toda Europa, pintaron los escudos en los respaldos para que cada uno supiera dónde sentarse según su rango y linaje. El asiento del Rey es, lógicamente, el más grande y central. Los asientos tienen una pequeña repisa en la parte inferior que solo aparece cuando levantas el asiento. Se llama misericordia porque servía en las ceremonias religiosas que eran larguísimas y los caballeros y monjes debían estar de pie horas y horas, pudieran «apoyar el trasero» de forma disimulada mientras estaban técnicamente de pie. En las tallas de madera del Coro no solo hay escudos. Los artistas de la época (especialmente Michael Lochner) tallaron escenas de la vida cotidiana, animales fantásticos y hasta pequeñas bromas y escenas obscenas escondidas en los rincones más bajos, donde los curas no miraban a menudo.

LA SILLA DEL REY , CATEDRAL DE BARCELONA
  • EL SANTO CRISTO DE LEPANTO

No está en el altar mayor, sino en la Capilla del Santísimo Sacramento (también llamada Capilla de San Olegario).

Es la imagen más venerada de la Catedral.

Si miras al Santo Cristo de Lepanto, notarás algo muy extraño de inmediato: su cuerpo está inclinado hacia la derecha, como si estuviera esquivando un golpe.

¿Cómo un crucifijo acabó en medio de una de las batallas navales más grandes de la historia?

En 1571, durante la famosa Batalla de Lepanto, este Cristo iba a bordo de la Galera Real, el barco insignia de Juan de Austria (hermano del rey Felipe II).

En aquella época, era muy común llevar imágenes religiosas en la proa de los barcos para proteger a la tripulación y darles ánimos en el combate contra la flota del Imperio Otomano.

La leyenda cuenta que, en el punto más crítico de la batalla, una nave turca disparó una bala de cañón directamente hacia la cubierta de la Galera Real. La trayectoria iba directa al pecho del Cristo. Según los cronistas de la época, la figura de madera se desplazó por sí misma, inclinando el torso hacia la derecha para esquivar el proyectil. La bala pasó de largo sin dañar la imagen (ni a los oficiales que estaban cerca), y el Cristo se quedó con esa postura curvada para siempre como prueba del milagro.

Otra versión de la historia dice que el Cristo no se movió para evitar una bala, sino para tapar un agujero que el cañonazo había hecho en el casco del barco, evitando que se hundiera.

Sobre su color negro azabache, durante siglos se creyó que era por el humo y el hollín de los cañones de la batalla. Sin embargo, en una restauración reciente en 2023, se descubrió que, debajo de la capa negra había pintura policromada. Al parecer, se decidió pintarlo de negro para darle un aspecto más antiguo y sufrido, acorde con su leyenda de guerra.

CRISTO DE LEPANTO CATEDRAL DE BARCELONA
  • SEPULCRO DE SAN OLEGARIO

Justo al lado del Cristo está el sepulcro de San Olegario, un antiguo obispo de Barcelona. Lo curioso es que su cuerpo está incorrupto (o eso dice la tradición) y cada 6 de marzo se puede ver a través de un cristal.

SEPULCRO DE SAN OLEGARIO, CATEDRAL DE BARCELONA
  • LAS CUBIERTAS:

Mucha gente no sabe que se puede subir al techo. Hay un ascensor escondido cerca de la Capilla de los Santos Inocentes que te lleva directamente a las cubiertas.

Desde arriba tienes la mejor vista del Barrio Gótico y puedes ver de cerca el detalle de los pináculos que no se aprecian desde la calle.

  • LA LLAVE DEL REY

Mirando al techo de la catedral, justo en las claves de bóveda (las piedras circulares donde se cruzan los nervios del techo), que son enormes y están pintadas, una de ellas pesa toneladas y mide casi 3 metros de diámetro.

Lo que la hace única es su relieve tallado, representa al Cristo Rey (o Cristo en Majestad) sentado en su trono, rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas (el Tetramorfos).

Fue un regalo directo del rey Alfonso V el Magnánimo en el siglo XV. Por esta razón, el escudo de armas de la Casa de Barcelona (las cuatro barras catalanas) aparece esculpido en la pieza, simbolizando el patrocinio real sobre la construcción de la catedral.

En el centro de esta gran piedra hay un orificio. Este agujero no es un defecto; tiene dos funciones históricas:

Sirvió para pasar las cuerdas y poleas necesarias para elevar la pesada piedra hasta el techo durante su construcción.

Antiguamente, se utilizaba para bajar desde el techo una gran paloma de madera blanca llena de pirotecnia y polvos aromáticos durante la festividad de Pentecostés, simulando la llegada del Espíritu Santo.

LA LLAVE DEL REY
  • LAS 13 OCAS

Si entras al claustro, te encontrarás con 13 ocas blancas viviendo allí. No están por decoración, sino por una leyenda bastante cruda: Representan los 13 martirios que sufrió Santa Eulalia (copatrona de la ciudad) antes de morir a manos de los romanos. También coinciden con los 13 años que tenía la niña cuando fue ejecutada. Se dice que, si las ocas faltaran, la catedral se vendría abajo.

La historia de Santa Eulalia es una mezcla fascinante de fervor religioso, resistencia adolescente y leyendas que rozan lo épico (y lo macabro).

Santa Eulalia fue una niña que desafió a un Imperio.

Eulalia era una joven de unos 13 años que vivía en lo que hoy es Sarrià (entonces las afueras de la ciudad romana de Barcino) en el siglo IV. En esa época, el emperador Diocleciano ordenó una persecución feroz contra los cristianos.

Eulalia, lejos de esconderse, se presentó ante el gobernador Daciano para recriminarle su crueldad y defender su fe. Daciano, viendo que una niña lo desafiaba, decidió darle una lección ejemplar para que nadie más se atreviera a imitarla. Según la tradición, sufrió un martirio por cada año de vida: Fue azotada y desgarrada con garfios de hierro, le aplicaron brasas ardientes en los costados, la metieron en un barril lleno de cristales, piedras y clavos, y la lanzaron rodando por una calle empinada. Esa calle todavía existe en el Barrio Gótico y se llama Baixada de Santa Eulàlia. Hay una pequeña hornacina con su imagen en el lugar donde supuestamente se detuvo el barril. El último martirio fue la crucifixión en una cruz en forma de aspa (la famosa Cruz de Santa Eulalia). La leyenda cuenta que, para humillarla más, la desnudaron en público.

En ese momento, ocurrió el milagro: empezó a nevar de forma milagrosa en pleno centro de Barcelona, cubriendo su cuerpo como si fuera un manto blanco para proteger su pudor. Al morir, los testigos dijeron ver una paloma blanca salir de su boca y volar hacia el cielo.

La santa se encuentra enterrada en la catedral en la Cripta de Santa Eulalia, justo debajo del altar mayor. Allí se encuentra un sarcófago de alabastro espectacular, tallado con escenas de sus martirios. Se dice que sus restos fueron «redescubiertos» en el siglo IX en la iglesia de Santa Maria del Mar y trasladados en procesión hasta la Catedral.

Dicen que existe una «maldición» de las fiestas por la rivalidad histórica entre las dos patronas de Barcelona: Eulalia (la antigua) y la Virgen de la Mercè (la actual). Una leyenda urbana cuenta que casi todos los años llueve durante las fiestas de la Mercè (septiembre) porque Santa Eulalia llora de envidia al ver que los barceloneses celebran más a la Mercè que a ella.

LAS 13 OCAS DEL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL
  • LA FUENTE DE SAN JORGE O FUENTE DE LA JUVENTUD

En el claustro hay un jardín precioso con palmeras y magnolios y justo en el centro se encuentra una fuente gótica con una pequeña estatua de San Jorge matando al dragón. El día de Corpus Christi, se celebra la tradición de «l’ou com balla» (el huevo como baila). Colocan un huevo vacío sobre el chorro de agua y este se queda «bailando» sin caerse durante horas, es un espectáculo hipnótico. Ver el huevo flotando sin caerse se consideraba un símbolo de la plenitud de la vida y la regeneración (el ciclo de la juventud.

Una leyenda cuenta que el agua que brotaba de esa fuente tenía propiedades especiales. No es que te hiciera vivir 200 años, pero los barceloneses creían que beber de ella o lavarse la cara el día de Sant Jordi (23 de abril) otorgaba salud, vitalidad y, sobre todo, suerte en el amor para todo el año. La pequeña figura de San Jorge a caballo que corona el surtidor está llena de detalles. El día de la fiesta, la fuente se adorna con rosas rojas y es uno de los puntos más románticos de la ciudad.

FUENTE DE SAN JORGE, CATEDRAL DE BARCELONA
  • CRANEO CON LA ESPADA CLAVADA

Este es uno de los detalles más impactantes de la fachada exterior. En la calle del Bisbe (la calle del famoso puente gótico que une la Generalitat con la Casa dels Canonges), tienes que mirar hacia el propio puente. Justo debajo del arco del puente (que, por cierto, no es medieval sino de 1928), hay un cráneo atravesado por una daga o espada. Se dice que, si alguien camina bajo el puente y mira fijamente el cráneo, le caerá una maldición o tendrá un encuentro con la muerte. Por el contrario, otra versión dice que si pasas por debajo caminando hacia atrás mientras miras el cráneo, se te concederá un deseo.

Aunque parezca un símbolo de la Inquisición o un aviso de un asesinato real, el arquitecto Joan Rubió i Bellver lo puso ahí como un recordatorio de que la vida es breve y como una protesta silenciosa porque no le dejaron hacer el proyecto de reforma del Barrio Gótico tal como él quería.

CRANEO CON ESPADA, CATEDRAL DE BARCELONA
  • EL FANTASMA DEL ORGANISTA

En la Catedral de Barcelona hay un órgano inmenso, una joya del siglo XVI que suena de maravilla. Pero la leyenda no habla del instrumento, sino de uno de sus antiguos músicos. Se dice que hace siglos, un organista de la Catedral estaba tan obsesionado con su música y con el órgano que, al morir, su espíritu se negó a abandonar el coro. Durante generaciones, los vigilantes nocturnos y algunos canónigos juraron haber escuchado notas aisladas o melodías suaves saliendo del órgano en plena madrugada, cuando la catedral estaba cerrada a cal y canto y no había nadie en el teclado. Lo más curioso es que, según dicen, el fantasma no toca piezas alegres, sino que se le escucha ensayando pasajes complicados que no llegó a perfeccionar en vida. Algunos dicen que, si pasas por la puerta de la Catedral a las 3 de la mañana y pegas la oreja, todavía puedes oír el eco de los tubos vibrando levemente.

ORGANO, CATEDRAL DE BARCELONA
  • LAS MARCAS DE LOS GREMIOS

Rodeando la Catedral por el exterior, especialmente por los muros que dan a la calle del Bisbe o la calle de la Pietat, hay muchas piedras que tienen grabados dibujos pequeños: unas tijeras, un zapato, una paleta de albañil, un yunque…En la Barcelona gótica, la ciudad estaba organizada por Gremios (asociaciones de profesionales). Cada gremio pagaba la construcción de una parte de la Catedral (una capilla, un trozo de muro o un pilar), eran pues marcas de propiedad, para que todo el mundo supiera quién había puesto el dinero, los maestros de obra grababan el símbolo de su oficio en las piedras.

Tijeras: Gremio de sastres.

Zapato: Gremio de zapateros.

Herramientas de construcción: Los propios canteros.

También servían para que el capataz supiera cuántas piedras había tallado cada obrero al final de la semana y poder pagarle correctamente. ¡Era su firma para cobrar el sueldo!

MARCAS DE LOS GREMIOS, CATEDRAL DE BARCELONA
  • LAS GARGOLAS

Si miras hacia arriba, verás las típicas figuras de monstruos, pero la Catedral de Barcelona tiene un toque extra. Hay animales domésticos y exóticos: perros, caballos, un elefante e incluso un unicornio. Se dice que los canteros tenían libertad para esculpir lo que quisieran, siempre que sirviera para evacuar el agua de lluvia.

En la Edad Media, los canteros tenían un sentido del humor (y una imaginación) muy particular. Rodeando la Catedral por la calle de la Pietat (la parte trasera, donde están las marcas de los gremios) y mirando hacia lo más alto de los contrafuertes, hay un desfile de animales de piedra que parecen sacados de un libro de fantasía.

El Elefante: Es una de las gárgolas más famosas. Lo curioso es que, en aquella época, ¡el escultor probablemente nunca había visto un elefante real! Lo hizo basándose en descripciones de viajeros. Por eso tiene unas orejas algo extrañas y una trompa que parece más un tubo de piedra que un músculo real. Representaba la templanza y la memoria.

El Unicornio: Está cerca del elefante. Es un símbolo de pureza en la iconografía cristiana (se decía que solo una virgen podía domarlo). Verlo allí arriba, vigilando la ciudad junto a monstruos y dragones, le da un toque de cuento de hadas al edificio.

También se puede ver un león, un perro con collar, un toro y hasta un caballero que parece estar saliendo de la pared.

GARGOLAS, CATEDRAL DE BARCELONA
  • LA INQUISICIÓN

En la fachada que da a la calle del Bisbe, cerca de la puerta lateral, hay unas marcas y unas argollas de hierro en la piedra. Se dice que allí la Inquisición colgaba a veces a los reos o exponía las «sentencias». Pero lo más curioso es que en algunas piedras hay grabados que servían como unidades de medida oficiales de la ciudad. Los comerciantes iban allí para comprobar si les estaban engañando con las medidas de las telas o el grano. ¡La Catedral era el control de calidad de la época!

En una pequeña ventana cerca de la Puerta de la Piedad hay una cara esculpida con un huevo en la boca. Se dice que representa el «silencio» que imponía la Inquisición (cuya sede estaba justo al lado, en la Plaza del Rey). Si hablabas de más, «se te acababa el huevo», es decir, te cortaban la lengua o te encerraban.

  • UN CEMENTERIO

Mucha gente camina por los alrededores de la Catedral sin saber que está pisando un cementerio. Justo al lado, en la Plaza de Garriga i Bachs (donde está el monumento a los mártires de la independencia), en el suelo y en las paredes, se pueden ver restos de antiguas lápidas reutilizadas.

En la Barcelona antigua no se desperdiciaba nada, y si una lápida de un cementerio viejo ya no se usaba, ¡acababa sirviendo de bordillo o de baldosa!

No te pierdas la próxima semana, el Post:
 “SANTA MARÍA DEL MAR LA “CATEDRAL” DEL PUEBLO”
«Ni reyes, ni nobles: esta ‘Catedral’ la levantó el pueblo con sus propias manos. Prepárate, porque vamos a descubrir todos los misterios que esconde este lugar.

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